miércoles, 28 de septiembre de 2016

JORGE GARRIDO GARCÍA


Entre ayer y hoy nos llega Jorge Garrido, natural de Bornos (Cádiz).

38 años de maestro de Primaria, con punto y final.
20 años escribiendo, con puntos suspensivos…
Ni «Por mucho madrugar amanece más temprano» ni por estar jubilado se tiene más tiempo libre para escribir. Se tiene, pero no se usa en demasía, aunque los versos sigan fluyendo incontables y la prosa aumentando por pura necesidad. La almáciga no se seca… ¿A que va a resultar que me gusta escribir?



Dos poemas de Jorge Garrido:


COMO DE HUMO

Quisiera ser sombra imperfecta, como de humo,
sin la rotunda nitidez de la silueta
marcada en la hondonada de mis pasos,
rúbrica inquieta y veraz mi presencia,
palpable y no ostentosa, para qué lo contrario
si marchando de puntillas a nada atento,
que ni rompo el silencio ni reclamo miradas.
La realidad dormida no me atañe,
son otros ecos los que me confunden
y se puede vivir sin hacer ruido;
no quiero ser el centro de ninguna foto
ni distraer la atención mi algarabía.
Como de humo mi presencia entera,
efímera a la vista, pero impregna,
dejar señuelo y marca a quien lo quiera
y fácil de limpiar si nada importa.
No saber si soy yo o mi sombra,
que parezca un sueño cuando he pasado,
que parezca noche al clarear
y mi alma un latir en el recuerdo.


COMO LOS ÁNGELES

Tienen patas muy cortas los pesares
y se alejan muy lentos cuando lo hacen,
sin embargo llegan de improviso,
como ángeles infames caídos sin alas.
Es la dicha de esencia diferente,
pues se sabe que llega y se prepara,
dura siempre menos de lo previsto
y se aleja como ángel vigoroso,
cual ráfaga de luz muerta en un ¡click!

Hay ángeles de anhelo y de rechazo,
de plumaje reluciente y envidiable
o desgastado su brillo, alicaídos,
como la tinta que escribe algún rumbo
dictado sin premuras por el destino
aciago o ilusionante, feliz o cruel,
bello demonio, sádico querubín…

Lo angelical es desmedido
como invención que es.
Lo malo es cuando el azar
juega a ser ángel.

martes, 27 de septiembre de 2016

ISABEL BERDUGO CONESA


Nacida en Cádiz el 18 de abril de 1964. De formación universitaria, Experta en Criminología, Experta en Criminalidad y Seguridad Pública, Diplomada Técnico en Empresas y Actividades Turísticas. Secretaria y miembro del Consejo de Redacción de la Asociación Cultural y Editorial “Tántalo”, publica en su Revista Cultural y Colección de Libros, doce libros de diversa temática: poesía, novela y ensayo.

            Ha publicado en julio de 2015 el poemario “Retablo de Agua”, nº 520 de la Colección “Baños del Carmen” de Ediciones Vitruvio, donde publica “El País del Silencio” en 2016, participando en sendos Festivales Poéticos de Vitruvio y en muy diversas presentaciones y actos culturales, de carácter individual y colectivo: encuentros, foros, tertulias, homenajes, etc.

Participa en numerosas antologías poéticas, la más reciente: “Torreparedones. La ciudad en la cumbre” publicada por Manuel Gahete y José Antonio Santano Editores y el Excmo. Ayto. de Baena.

Columnista del grupo editorial “Publicaciones del Sur” con la columna dominical “La Pensadora” en los periódicos “Cádiz Información”, “Jerez Información” y “El Faro de Algeciras”, con una extensa trayectoria en medios de comunicación.

Miembro de A.C.E. (Asociación Colegial de Escritores de España), ACTA (Autores Científico-Técnicos y Académicos) y CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos).


DENTRO DE MI

Junto a la cruz
Veo como Tú,
Dios verdadero
Salvas mi mundo,
Dios del madero
Con una luz
Como un gran Cielo
Dentro de mí.

Dios entre todos
Todo lo puedes,
Dios salvador
Dime quién eres
Dios redentor
Dime qué quieres
Para morir
Toda mi vida
Dentro de mi

Hijo Jesús
Cordero de Dios
Manso Jesús
Manso Señor
… tanto dolor
Mata el rencor
Del mundo
Dentro de mí.

Vive, Jesús
En mi corazón
La noche pasó
Se hizo la luz
¡Salve, Señor
Rey del Perdón!
Salve el perdón
El bello mundo
Dentro de mi.


LA SOLEDAD

La soledad en el fondo del Paraíso
fue la tregua al final de mi salvación.
Vi la maraña de la selva sin piedad,
Su violencia bendice la muerte,
joya coralina empeñada en alejarnos,
arrojada a la playa
donde traslucha la mar.
La Primavera me acompaña,
su brisa me protege del vacío.
La calmazón de la noche es el sosiego.
Descongelado el invierno, creí
renacer al ardiente mundo
y la sociedad.
La humana marea
iba penetrándome en su primaria crecida,
más despacio que cuando fuimos, otros ciclos,
desertores del mundo
y cuando el mundo perdió
un asombro místico sacude el alma:
el paraíso de luz, de color y de humedad
nos devuelve al misterio selvático,
cuando fuimos parte de la razón del Dios Uno. 

lunes, 26 de septiembre de 2016

YOLANDA GARCÍA ARES

Nací en el centro de Cádiz, en la calle Rosario Cepeda, corazón palpitante de la antigua ciudad más allá de las Puertas de Tierra, a la sombra de la torre Tavira, en una familia de muchos hermanos, con quince meses me llevaron a vivir a la Bahía gaditana, allí di mis primeros pasos. El mar, el cielo, las palmeras zarandeadas por el levante fueron las nanas de mi casa en un noveno cara a los Astilleros y el puente Carranza. He visto por lo tanto más puestas de lunas que de soles.

Me muestro indefinida como indefinido es mi origen. Lechuguina o guacamaya. Beduina o tirilla. Conservo la mirada de los que miran, de los que se expresan, de los que sienten y se emocionan con lo diferente.

Tardé tiempo en identificar el verso en otra forma de entender la vida ¿He sido siempre poeta? Supongo que cualquiera que naciera en el entorno que nací yo puede ser poeta, el problema es cuando se te enquista el verso y la lírica te sale a borbotones por los ojos brotando desde la ventana de un noveno piso provocando que suba de repente el nivel del mar. Entonces te vuelves no sólo poeta sino algo más.

Cuando la risa más auténtica te revienta delante de una chirigota en Carnaval. Cuando te resuenan los tacones en los adoquines de la catedral vieja como una música en la cabeza. La guitarra la he abrazado entre mis brazos como a alguien de la familia y la voz para mí es un instrumento musical. He sufrido la mordedura hiriente de la bruja del mar hasta no poder hablar. Puedo cambiar de humor como cambia en Cortadura del Poniente al Levante sin sentirme bipolar.

He bailado al ritmo de un huesillo de limón en la Parra la Bomba y he escrito mis nombres del amor en una mesa de madera del Caminito. Sigo llorando porque se me murió el Baviera y aún si cierro los ojos recuerdo cada uno de los olores del Barril en la Glorieta Ingeniero de la Cierva. He corrido por las Olitas, he cazado camarones agarrándolos fuertemente por los bigotes, me he puesto de fango hasta arriba para coger cangrejos moro y coñetas debajo del cartel de Bienvenidos a Cádiz. He caminado descalza por la carretera industrial después de una noche loca de carrusel en la Viña. Estos son mis pecados, todos los llevo en el corazón marcados.

Y por esas cosas de la vida, mis pasos me llevaron mucho más allá del  borde de la playa Victoria, crucé hasta el otro lado del Atlántico y me enamoré de Los Ángeles, nací de nuevo. Allí redescubrí el arte, la música, la pintura, las lenguas de otros, el bien de lo diverso, de lo distinto, nunca me sentí extranjera. Tengo camino andado, luzco corazón viajado y viajero. No me gusta el lugar quieto y rutinario aunque sé disfrutar del momento. Si me amas no me ates o saldré huyendo.

Tengo un punto “buenista” aunque sé de lo jodido del momento. Me gusta solidarízame con las causas perdidas y no me gusta hacerme la foto por ello. Soy social, política y muy humanista. Aunque soy una causa perdida siempre, siempre lo intento.



Leyenda del miedo

La niña llega a la casa apesadumbradita de miedo
La luna la miraba desde lo alto del cementerio
“¡Madre me mira la luna! ¿Por qué me mira tan intenso?”
Porque luna eres como ella, luna llena y en pleno.

“¡Madre no quiero ser luna!
La luna es luna porque es cielo
“¡Madre no quiero ser cielo!”
El cielo es cielo porque es firmamento
“¡Madre no quiero ser firmamento!”
El firmamento es firmamento porque es lucero
“¡Madre no quiero ser lucero!”
El lucero alumbra a la luna y por eso la luna es luna
“¡Madre yo quiero ser monte, fuente, misterio,
Árbol, viento, bosque, brote tierno…!”

¡Tú lo que quieres es ser es sol, sol redondo y pleno!
Para ser sol, hay que vestirse de lucero.
Ser luna, cielo, firmamento…
¡Para ser vieja tierra hay que ser lucero!

La niña se observa desnuda en la luna del espejo
Mira a la luna en su luna
¡Madre ya no tengo ningún miedo!


Algo ilógico

No tengo ganas de escribir sobre las cosas poéticas
Me duermen en la memoria del mar, las notas de una música clásica,
los colores del cielo.
Apilo a cambio la pata rota del sofá, un bastón olvidado no se en dónde
La ropa a medida raída del tiempo
La batidora que no funciona
Me estoy preguntando  si funcionó alguna vez…
No tengo ganas de dar lírica a la encíclica del verso
Proso metáforas de hastío, verso muerte de los segundos
De repente me vienen al papel palabras perdidas como por ejemplo
Muerte, ventana cerrada, zapatos viejos para un cojo…
Cartas desconocidas, fotos viejas, camas desordenadas…
No tengo ganas de rimar lágrimas de hielo
Emborrono papeles sin reciclaje posible, ya no duermen en el cajón
Se me viene algún recuerdo dulce como mermelada
Puedo pensar y no escribir
Gorrión verderón diálogo enjaulado
Nubes bebiendo del mar gris de la bahía
Armario abierto monstruo tragón de sueños.
No tengo ganas de salvar ningún objeto muerto en mi memoria.
Hago listas de palabras sin sentido incierto
Bata estampada, broche verde, peine desdentado,
Abuelita, arcón roto, vasos…
Rosario, santo, papa y biblia
Ruido, ruido, ruido…
Puedo escribir cualquier cosa ilógica, como por ejemplo: Vida, vida y vida

domingo, 25 de septiembre de 2016

ENCARNA GÓMEZ VALENZUELA


DEFENSORA DE LA VOZ Y LA PALABRA

Soy Encarna Gómez, una mujer amante de la vida, de la cultura, del saber y del arte. Vivo y bebo la palabra en forma de verso o de narrativa. Me gusta explicar con grafos mis impresiones sobre los seres vivos, las cosas y todo lo que nos rodea. Escribir es ser y estar, vivir y experimentar, latir corazones y sentir la proximidad de los otros, ver con tus propios ojos y con los de los demás. La literatura es una emoción que late en tu pecho y te impulsa a expresar con signos tus propias experiencias y lo que observas a tu alrededor, plasmar con letras y grafemas eso que bulle en nuestro interior. Soy y quiero ser escritora, desentrañar el verbo, el adjetivo y el nombre y sus acólitos y dibujarlo todo en la nívea superficie de un papel. Soy defensora de la voz y la palabra.



MEDITERRÁNEO

Este mar azulado y silencioso
que, soberbio, extiende su manto de placidez,
es el Mediterráneo, el mar de todos mis sueños.  
Sutiles mareas plateadas como lunas en sus ojos
cuyos hilos de luz en sus bahías de ensueño
   dibujan playas de benevolencia.

Gozosa y virginal marea de  almendros en flor
y de salobres caracolas sedientas de besos.
Liviana y grácil espuma, guipur de los espejismos
que se detiene en las arenas del verso,
   en el encaje pétreo de la poesía.

Cítaras que el viento mece alumbrando
la primigenia luz que destella este poema.
Versátil su flor, su espejo, sus olas de melancolía,
   en el sutil engranaje de su aureola.
Extraño puerto de mar, ámbito de despedidas,
hundido en el azul cobalto del agua.
Eres una golondrina viajera que alumbra el alba y
que sobrevuela los mansos cauces de su destino.
En la presencia obsesiva de tus ardientes deseos
la frigidez de tu playa yace como obsoleto navío
y en el velo de tu apacible delirio gime
el vacío de las cosas secuestrado hacia la arena.
Con un pincel de rubíes  quisiera dibujarte en mi pecho,
en la lívida piel de mi costado, en la carne rosa de mis entrañas
donde la sangre es arista y desatino ciego
    de los guijarros que alisan las olas.
Rojo amapola, mar incesante
en las alas vespertinas del poniente.
Las aguas mansas del mar soñado me sobreviven
y se curvan, cautelosas ,alrededor de la esfera
    de mi vientre.



 DILUVIO DE LUCIÉRNAGAS

Los pétalos de la deslumbrante orquídea de este mar
donde los barcos abanican su creciente balanceo de sueños
    me cautiva en sus arenosas playas.
Mar, siempre mar, presuroso y sutil, fosforescente.
Lívido acordeón de olas matutinas, trébol de los deseos.
Te retengo entre mis manos, te deslío entre mis dedos
de patas de gorrión cuando cantan las sirenas en el piélago
    para  apaciguar tu llanto.
Te viertes en el hoyo de mi pecho y, ebrio de mansedumbre,
clamas al cielo por tanto naufragio inútil. Bañas la fría desnudez
de los osarios y acallas el susurro de las gaviotas
mientras atrapas este corazón herido
    en el latido del agua.
En algún lugar de tu orilla, las aguas besan
los labios rojos del día y abren una ventana
al tiempo cerril de los espejismos.
Puñales de blanca sal hundidos sobre mi vientre,
son las olas que se agitan furibundas
en la ingrávida soledad de las playas
    de mi cuerpo.
El talismán impávido de tu piel se torna
hoguera incandescente  en los valles de mi cintura.
La sosegada caricia de las olas refresca mis mejillas
con delicados soplos de ternura.
Jamás conseguí esquivar la plácida espiral de tus delicias.
Sucumbí sin remisión al perfume embriagador de tu frescura.
Nada puede soslayarte, nadie desdeñarte puede.
Al final siempre vence la ingente prepotencia
    de tus oleajes.
Un diluvio de luciérnagas
es el roce de la luz sobre tus aguas.


sábado, 24 de septiembre de 2016

VICTORIA GODOY


Nací en Jódar, entre Bedmar y Úbeda. Y abrí por primera vez los ojos en el barrio de Vista Alegre, estampado de olivares y atochales abiertos a innumerables sendas, barrancos pedregosos, serrezuelas calvas con cuevas y cortijos de floríferos almendros; allí bebí en los pechos agridulces de mi madre. Sin embargo, me crié en la calle el Cura, en la casona de mis abuelos, leyendo en soledad, antes de los nueve años, las novelas de cordel que mi abuela Rosalía depositaba en recónditas cámaras tras leer a sus hijas.

Pero, un buen día, mi adolescencia despuntó en la capital de Sierra Morena, o sea, Linares, entre tocas blancas, palmerales y bidones de agua, que utilizaba en aquel entonces como cojines de apoyo para leer furtivamente Genoveva de Bravante, los clásicos ingleses o La vida sale al encuentro, menudo cóctel, mientras la brisa de los arces dibujaba mi cara sin alevosía, y yo inventaba mis propias historias.

Después vendrían los años de verdadero aprendizaje y especialización en las universidades de Jaén y Granada; de apasionada docencia, en Ronda, y en la E.A. José Nogué de Jaén, mi actual destino.

Amo la literatura en todas sus vertientes y manifestaciones, pero me apasiona la poesía, porque solo ella puede desnudar el alma, a lo que aspiran mis versos, que están en marcha, aunque algunos ya forman parte de preciosas antologías. De lo publicado, subrayaría Poemario, por su nitidez expresiva, y En el corazón de los besos, del que destacaría su simetría y hondo ritmo amoroso.

Y mi voz poética aspira a ser danza para flotar en la belleza de la brisa de la tarde y ver el mundo con el ojo interior y transformador del alma.


TRAS SORAYA


¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niño Dios huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
Juan Ramón Jiménez.

Cuando los párpados fríos se lleven
el calor y la esperanza,
cuando la noche dibuje
sus alacranes de plata,
cuando el universo cierre
sus ojos al alba,
cuando el silencio inunde
el alma dentro de la nada,
haré un pacto con la lluvia,
para buscar
mis palabras
más limpias
en el betún de los recuerdos,
y ser la muchacha
que fui
bajo el paraguas azul
siempre vivo
de mi madre.




ÍNTIMO SOLLOZO

Todo lo olvido, 
porque soy sólo corazón.
Amado Nervo.
A veces queremos cerrar un libro de amor
con todas sus páginas,
pero sentimos el álgido frío
del fuego devorándonos las entrañas,
y el miedo a nuestro propio olvido.

A veces nos invade la osada esperanza
cuando el amor se guarda en las alacenas
de los sueños inmensos como el alba,
y se queda solo con nosotros
su ardiente soledad estremecida.

Recordar es vivir y morir a un tiempo
en los besos dados,
o en los que nunca llegaron a nacer,
a pesar de ser
con aspereza olvidados.

Los espejos violetas 
de la penumbra
ebrios y ciegos de luz
nos invaden…

Y no saber
a ciencia cierta
por qué nos quedamos desnudos,
sin palabras de aliento,
con la verdad del Amor
en tu boca.

viernes, 23 de septiembre de 2016

MERCEDES PILAR GIL SÁNCHEZ


Mi nombre es Mercedes del Pilar Gil Sánchez y escribo poesía desde que aprendí a escribir.
Soy una autora novel, escribo cuentos, poesía infantil, relatos, poesía, novela…
Comencé a escribir tímidamente y para mis nietos, contándoles cuentos. Al principio eran cuentos en imágenes (cuando mis nietos eran más pequeños) y conforme se han ido haciendo más mayorcitos, he ido cambiando los dibujos por letras.

La poesía infantil le encanta a mi nieta, al ser cada poema un pequeño cuento rimado.

Escribo poesía infantil con regularidad, me relaja, pues yo también disfruto cuando veo que mi nieta la comprende, le hace pensar y me la comenta. Escribir para los niños son una verdadera delicia.

Hace poco más de un año comencé a escribir relatos, y poco a poco me he atrevido a escribir novelas, de las que tengo dos terminadas.


El Ruido de la Lavadora

El ruido de la lavadora, 
Repetía incansable:

¡Disfruta!
¡Respira!
¡Vuela!!!

¡Disfruta!
¡Respira!
¡Vuela!!!

¡Disfruta!
¡Respira!
¡Vuela!!!

Abrí la ventana,
Disfruté del aire,
Respiré profundo,

¡Volé!

Me di un baile de aire
Hermoso y rotundo.
Mi cuerpo etéreo,
Erráticamente, imperecedero,
Circundó lo eterno.
Circundó la Tierra
Montando en el viento.
Saludó este mundo
Airoso, volátil... 
Extremo... ¡Profundo!


Brillando a Ras de Tierra
Recuerdo aquella tarde, 
Paseando la ribera,
Recuerdo, había llovido. 

Recuerdo que nos tumbamos,
Sobre mojadas arenas…
Ahora, también recuerdo,
Que tu paraguas abrieras.

El paraguas desplegamos,
Orientando hacia el sol,
su pieza en forma de flecha…

Recuerdo posar mis manos,
Sobre tu cara tan bella,
Mientras rozaba tu boca,
Presentí notar tu lengua.

Nuestros labios se acercaron, 
Añadiendo la pasión, a...
Tan embriagadora escena… 

Recuerdo que tras un rato,
Huyó de allí la tormenta, 
Y que el sol se abrió paso,
Entre las nubes más negras. 

Recuerdo, que olvidamos,
El paraguas en la arena, 
Que sintiéndose halagado,
Tras presenciar nuestra escena. 

Decidió volverse un Sol,
Rayos, luz, en roja esfera, 
Para brillar ya por siempre.

Como hermoso y rojo astro, 
Desplegado a ras de tierra.

jueves, 22 de septiembre de 2016

MANUEL DOMÍNGUEZ MARÍN


Estudié lo que se llamó FP2, en la rama de Automoción, cuando acabé me fui al servicio militar, cuando salí, empecé como comercial de Droguería, perfumería, lencería, ropa de baño, marroquinería, artículos de importación, centro de flores secas y bollería industrial.

Vendí libros a domicilio y trabajé de expendedor de gasolina en una gasolinera de Campsa con intento de atraco incluido.

Parece un curriculum de trabajo, pero la experiencia se adquiere en las cosas que vamos haciendo en la vida y en la mía “tocaron todas estas”.

Y pondré que fui también “Montador de estructuras de Aeronaves” que suena chulísimo, pero que consistía en hacer un boquete y luego llenarlo con un remache. Fabricábamos un trozo de una parte de un cacho de un avión de transporte.


Y en todo este lío, a escribir, mucho, mucho, muchísimo, cosas buenas, malas y regulares… Pues casi igual que ahora, con la diferencia de haberme convertido en un “pureta” y cada día me doy cuenta que cuantas más cosas aprendo, sé que menos cosas sé. Lo cual es muy frustrante. Salud y pluma, cuando me daba por escribir para el carnaval, ni ordenadores ni nada, papel de estraza, del gris de toda la vida…, manías que tiene uno.



LLOVERÁ

LLOVERÁ, CLARO QUE LLOVERÁ
CAERÁN CHUZOS DE PUNTA
SOBRE LOS FRÁGILES PARAGUAS DE LA INCERTIDUMBRE.
SE OXIDARÁN LOS FÉRREOS PILARES DE LA VOLUNTAD,
SOBRE CHARCOS DE RECUERDOS
PASARÁ LA MELANCOLÍA SALPICANDO SENTIMIENTOS
EN LAS  PULCRAS ACERAS DEL PENSAMIENTO.
LLOVERÁ, CLARO QUE LLOVERÁ
TRONARÁ EL TRUENO
EL RELÁMPAGO, RELAMPAGUEARÁ
LAS VELETAS MARCARAN AIRADAS
EL CAMINO DE LOS VIENTOS AL OLVIDO.
TAMBORILES DE GRANIZO
EN LOS CRISTALES,
IRÁN ACOMPASANDO LAS CONCIENCIAS.
LLOVERÁ, CLARO QUE LLOVERÁ
SALDRÁN LOS LOCOS, LAS LOCAS
A EMPAPARSE DE LA LLUVIA
TAN DESNUDOS, QUE LA FIEBRE
HARÁ ARDER LOS APETITOS.
SUBIRÁN A LOS TEJADOS DEL MAÑANA
BAJARAN A LOS SÓTANOS DEL AYER
BALCONES, JARDINES  
LLENOS DE LOCOS, DE LOCAS
VIENDO LA LLUVIA CAER.
LLOVERÁ, CLARO QUE LLOVERÁ,
YO LO LLAMO LLOVER, LOS POETAS…
SURGIRÁ LA INSPIRACIÓN.


“SI HAY QUE MATAR, MATEMOS”

Si hay que matar, matemos
si hay que morir, muramos
si hay que amar,
vayamos a la guerra.
Porque quien muere de amor
eternamente agoniza
heridas abiertas,
dolor y melancolía.
Si hay que sentir, sintamos
si hay que vivir, vivamos
si hay que amar,
preparemos la batalla.
Porque el amor tiene espinas
que crecen en las trincheras
porque el amor es metralla
que atraviesa carne y alma
cuando se rompe y estalla.
He rendido tantas plazas
en tantas plazas caí
que ya soy soldado viejo
que soy pura cicatriz.
Un coqueto parpadeo
suenan tambores de guerra
suspiros que van al aire
carga pólvora al cañón.
¡A la guerra! ¡A la guerra!
¡Centinela a las troneras!...

que vuelvo a morir de amor.